2009/07/31

Mad man



Empty as a bottle without a message


Beautiful as your Grace Kelly wife


Shooting the birds’ neighbours



2009/07/30

Psicodelia






























2009/07/27

Como cuando se va a por tabaco

Sube las escaleras mohosas, oscuras, con el pan en la mano.
"y si no vuelvo, no sigo subiendo, no abro la puerta, no digo hola, no le beso. Y si no vuelvo, sigo andando, no cojo el metro, tiro la llave, no me siento, no enciendo el ordenador, no llamo a mi jefe.
Y si desaparezco..., me voy a donde me acabo a mí mismo, todo se acaba, acabo con todo, conmigo, sin nada"
¿Conseguirá entonces dejar de verse subiendo las escaleras desde el tercer piso, de observarse por la ventana cuando bailan, de mirarse a través del espejo sin saber quién es?

2009/07/17

La crisis de I.

Efectos secundarios postoperatorios: disminución de la calidad de visión, refracción de las luces, disminución de la visión nocturna.

Efectos secundarios no mencionados: crisis de identidad.

Me paso el día mirándome al espejo intentando descubrir quién soy. Voy por partes, miro mis ojos, miro mi boca, encuentro muchos defectos, a veces me veo guapa, a veces soy un monstruo, pero en ningún momento descubro quién soy. No creo recordar haberme mirado nunca tan intensamente al espejo. Incluso he notado una regresión hacia mis pasiones más adolescentes por el autorretrato, debido a mi mal retornada cámara compacta. Siento la necesidad de fotografiar mi rostro en busca de algo que no encuentro en mi interior, una respuesta a todas estas preguntas. Una pista que me descubra qué es lo que soy ahora después de haber sido algo, un indicio externo de que no soy la misma o de que soy la misma, ¡me da igual ya! Quiero raparme la cabeza porque no soporto conservar este trazo ancestral de mí misma, he retirado el pelo por completo de mi cara esclavizada por años, quiero alejarlo todo de mí para olvidar. Sólo consigo recordar mis bajezas y quiero que con mis binóculos queden lejos de mí, pero no soy capaz de demostrarme a mí misma si puedo conseguir algo tal. Qué pretendía exactamente con este cambio, qué he extraído de mí, es solamente una simple deformación la que he extraído o quizás inconscientemente he querido deshacerme de algo más, algo que ahora no soy capaz ni siquiera de reconocer.

La fotografía y las lentes de contacto son cristales recurrentes que ahora no paro de rememorar. Mis defectos visuales me recuerdan fotografías, intento comparar mi imagen actual con la que antaño las lentes de contacto me ponía al alcance. Pero en todas estas comparaciones y alusiones no existe ni un ápice de realidad, de aceptación, de interiorización de la verdad.

La lejanía de mi cubículo es algo que me preserva ahora y que me mantiene alejada del mal. La sociedad. Pero hay tantas cosas de él a las que no soy capaz de acercarme aún. No puedo parar de pensar en la gran escapada que he realizado sin ningún esfuerzo y en el tiempo que me cuesta acabar de entenderlo todo. Cuanto más rápido van mis movimientos más lentos van mis pensamientos y al revés. El tiempo resulta un gran paradigma tan y tan años luz de mi propia estratosfera que no logro alcanzar con exactitud la aguja del reloj que siempre avanza. Siempre que espero a alguien es ella, la aguja, la que pauta mis ráfagas de pensamientos sordos para el mundo pero que retumban tan repetitivamente en mi cabeza que olvido absolutamente todo todo todo todo todo todo...

2009/06/19

Crónica atrasada del 7/6/09

Eightiesfan04 news.

La Fashion week se traslada a los cines Verdi.

Grandes gafas con cristales ahumados, complementos de la Tous, chaquetas de DG, camisetas ajustadas a pechos andrógenos, miradas insolentes, perfumes envolventes, voces aterciopeladas imitando la cadencia francófona, alientos a Chanel...
La llegada de Tutú, quiero decir Cocó, a los cines Verdi ha provocado un revuelo en el distrito nordoeste de la ciudad, más o menos por encima de la Diagonal, cerca de l'Illa. Grandes barriadas han abandonado sus confortables apartamentos y chalets para dirigirse hacia barrios menos bienestantes mezclándose incluso con los más bajos estamentos de la sociedad barcelonesa. Codo con codo han hecho cola para comprar sus entradas para la sala más acondicionada del Verdi, la 1. Dispuestos a disfrutar con las intrépidas aventuras de la diosa del glamour, encarnada por la sobresaliente actriz Audrey Tutú, quiero decir Tautou.
Una dramática historia sobre la inventora del término chic que seguro arrebatará corazones y llenará de inspiración a todos los diseñadores, boutiqueros y fashion victims que se acerquen a verla. Sin duda, esta parte de su vida, la reflejada en la película, desde la más tierna infancia, pasando por sus inicios como costurera, el éxito de su primer sombrero y su entrada, que únicamente podía ser triunfal, en la moda parisina, llenarán de nostalgia los ojos ya secos de un sector tan poco accesible sentimentalmente de esta nuestra sociedad barcelonesa.

2009/02/09

Georgia on my mind

La misma Georgia que ahora había quedado relegada a un pequeño cuarto de una pequeña y barata residencia provincial guardaba recuerdos vívidos de una juventud tan mistificada como increíble. Recordamos la Siona de los años setenta como una ciudad asediada por el vicio y la perdición, como una ciudad totalmente aislada de los acontecimientos que acechaban al mundo. Desde su humilde localización entre la Europa del Este y el Oriente Medio Siona recibía un cúmulo de visitantes a cada cuál más exótico. No era una ciudad de moda pero tenía su pequeño lugar en el corazón de bohemios y marineros. Los barcos y el mar de Siona no sólo guardaban el encanto de aquellas cosas que por viejas y bien cuidadas se mantienen bien conservadas durante siglos, si no que era considerada como una superviviente por estar situada en una zona conflictiva y no haber sido víctima de ataques, como por otra parte lo habían sido las ciudades vecinas. Si Georgia llegó allí en aquel preciso instante de emergencia social y cultural de la ciudad fue por lo que denominaríamos una simple coincidencia, y podríamos aventurar que si hubiese llegado en otro momento se hubiese aburrido hasta el suicidio, dado su carácter. Pues Georgia era más que una chica provinciana de padres aristócratas de una familia venida a menos. Su familia la había tenido determinantemente olvidada desde su más tierna adolescencia, por lo que sus inquietudes de esa etapa vital no habían sido domadas adecuadamente y le habían llevado a conocer partes de sí misma peligrosas que ya no podía olvidar, lo que denominaríamos un peligroso camino sin posible retorno de exploración intensa sobre su ser. Con decir que lo único por lo que presentó durante toda su vida verdadero pánico fueron los límites, y sabiendo que en la ciudad donde creció podía leerse en cada esquina de cada calle uno, no es difícil aventurar que en cuanto tuvo ocasión se escapó al lugar más lejano que se le puso a tiro.
Por entonces no contaba con demasiados años, había pasado unos pocos en una universidad más caduca que perenne, pero gracias a la cual había sido invitada a marcharse nada más ni nada menos que a la ciudad que nos ha traído aquí. Siona atrapó enseguida a nuestra protagonista, la hizo perderse por sus calles, olvidarse en sus bares, ahogar sus penas en sus aguas, y eso era exactamente lo que necesitaba entonces. Su vida se desarrollaría desde su llegada a la par que la de la ciudad, como si personaje y escenario se mimetizaran en un momento de su ciclo vital absorbiéndose mutuamente hasta robarse toda vitalidad.
Si la ciudad estaba constantemente vapuleada por las idas y venidas del mar, golpeándola con olas, barcos y marineros, de igual forma Georgia se abandonaba como si de un temporal se tratase a todos estos movimientos. En uno de ellos es cuando conoció a Justine, la chica del pelo ondulado de la calle 39. En esta cale es donde se encontraban puntualmente cada día cuando ésta se dirigía a su trabajo. A dónde se dirigía Georgia tan puntualmente cada día, ni siquiera ella lo sabía probablemente, pero eso sí, bajo el brazo siempre llevaba una carpeta. Una carpeta roja llena de hojas, escritas, dibujadas,… Seguramente fue Georgia la que se fijó en Justine, aunque también puede que sea al revés; el caso es que un día sus caminos coincidieron y tardarían mucho en separarse. Fue un encuentro casual, accidental más bien, un día de los que Georgia andaba más despistada que de normal se chocaron provocando el esparcimiento de todos sus papeles. Y a partir de entonces como suele pasar con gente de nuestro alrededor, como las apariciones repetidas de los mismos figurantes en una película de bajo presupuesto, sus encuentros fueron más y más frecuentes.
Sus primeras palabras se cruzaron en uno de los muchos bares del barrio más cercano al puerto en que la música jazz se corrompía al resonar contra las mugrosas grietas de suelo, techo y paredes. Y aunque Georgia fue quién las pronunció es evidente, por otra parte, que Justine tenía un interés muy vívido por ella, pero su orgullo y la experiencia la obligaban a mostrar el carácter esquivo y altivo que volvería loca a Georgia. Ésta propuso a Justine dejarse pintar, así determinaría unos encuentros que poco a poco fueron siendo menos espaciados. De esta forma la preciosa Justine empezó a aparecer en los papeles de Georgia, la cuál con cada uno de sus trazos la despojaba de más ropa y empuñaba el lápiz con mayor intensidad, creando uno atmósfera de tensión en el pequeño estudio de Georgia que mantenía en todo momento el papel por medio. Si hubieran podido tocarse de otra forma, sin el papel por medio, seguramente su relación no hubiera acabado tan abruptamente y resultado tan conflictiva como lo fue, destrozando los nervios de ambas y acabando con el buen estado de salud de Georgia. Pero no se tocaron, y esas miradas tan intensas se hicieron tan enemigas como para provocarse entre ellas un daño irreparable que llegaría hasta la propia autodestrucción. Y así poco tiempo después de la desaparición de Justine Georgia quedó en un estado catatónico, interrumpido únicamente cada vez que llegaba la brisa de esa melodía que apareció el siguiente verano cantando su nombre y que le parecía estar escrita inequívocamente por Justine.

Quién le iba decir a ella que años después , cuando todos los días eran iguales y lo único que esperaba sentada era la visita de alguno de sus hijos o nietos, la escucha de esta canción provocaría un mar de lágrimas sobre su rostro, y que sólo las compañeras que como ella no eran dueñas de su presente la entenderían.

2009/01/31

A la espera de una respuesta transoceánica






















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