2009/07/17

La crisis de I.

Efectos secundarios postoperatorios: disminución de la calidad de visión, refracción de las luces, disminución de la visión nocturna.

Efectos secundarios no mencionados: crisis de identidad.

Me paso el día mirándome al espejo intentando descubrir quién soy. Voy por partes, miro mis ojos, miro mi boca, encuentro muchos defectos, a veces me veo guapa, a veces soy un monstruo, pero en ningún momento descubro quién soy. No creo recordar haberme mirado nunca tan intensamente al espejo. Incluso he notado una regresión hacia mis pasiones más adolescentes por el autorretrato, debido a mi mal retornada cámara compacta. Siento la necesidad de fotografiar mi rostro en busca de algo que no encuentro en mi interior, una respuesta a todas estas preguntas. Una pista que me descubra qué es lo que soy ahora después de haber sido algo, un indicio externo de que no soy la misma o de que soy la misma, ¡me da igual ya! Quiero raparme la cabeza porque no soporto conservar este trazo ancestral de mí misma, he retirado el pelo por completo de mi cara esclavizada por años, quiero alejarlo todo de mí para olvidar. Sólo consigo recordar mis bajezas y quiero que con mis binóculos queden lejos de mí, pero no soy capaz de demostrarme a mí misma si puedo conseguir algo tal. Qué pretendía exactamente con este cambio, qué he extraído de mí, es solamente una simple deformación la que he extraído o quizás inconscientemente he querido deshacerme de algo más, algo que ahora no soy capaz ni siquiera de reconocer.

La fotografía y las lentes de contacto son cristales recurrentes que ahora no paro de rememorar. Mis defectos visuales me recuerdan fotografías, intento comparar mi imagen actual con la que antaño las lentes de contacto me ponía al alcance. Pero en todas estas comparaciones y alusiones no existe ni un ápice de realidad, de aceptación, de interiorización de la verdad.

La lejanía de mi cubículo es algo que me preserva ahora y que me mantiene alejada del mal. La sociedad. Pero hay tantas cosas de él a las que no soy capaz de acercarme aún. No puedo parar de pensar en la gran escapada que he realizado sin ningún esfuerzo y en el tiempo que me cuesta acabar de entenderlo todo. Cuanto más rápido van mis movimientos más lentos van mis pensamientos y al revés. El tiempo resulta un gran paradigma tan y tan años luz de mi propia estratosfera que no logro alcanzar con exactitud la aguja del reloj que siempre avanza. Siempre que espero a alguien es ella, la aguja, la que pauta mis ráfagas de pensamientos sordos para el mundo pero que retumban tan repetitivamente en mi cabeza que olvido absolutamente todo todo todo todo todo todo...

3 comentaris:

Madame Blavatsky ha dit...

Tía, sin duda es uno de los mejores textos que te he leído. Me has dejado anonadada, y ahora todo esto me hace pensar en el tiempo que hemos estado juntas, y la verdad, me alegro de que así haya sido. Y no sé por qué. Pero eres única.

Verás claro, algún día. Otra vez, y más

aningunsitiopero¡mierda!notengonadaquecriticar ha dit...

¡Oh, bravo!

Jose's Beauty ha dit...

Y es que las fotos en que quedamos bien no son más que representaciones de como quisieramos ser...